Recientes
descubrimientos en psicología del
comportamiento, en dinámicas de grupo
y en mecanismo evolutivos podrían
revolucionar el marketing al desvelar componentes
irracionales que rigen las reacciones humanas
ante estímulos como la publicidad,
según un artículo publicado
por Allan Michell en Brand Republic.
Estos
estudios miden la capacidad de influencia
y sugestión que tienen los seres
humanos, demostrando que las opiniones de
los padres pueden prevalecer sobre los mensajes,
debido a la acción de la presión
social pero también a mecanismos
gregarios del individuo.
En este sentido, Michell
afirma que las personas son muy proclives
a aceptar cualquier tipo de explicación
para un fenómeno sin que medie la
crítica mientras tengan un sentido
superficial.
Además, el investigador
apunta a que nuestras percepciones influyen
de forma desproporcionada en la toma de
decisiones, un momento donde el consumidor
proyecta todo tipo de emociones sobre el
objeto, donde median las transferencias
psicológicas cuyo control está
fuera de la esfera de los publicitarios.
Asimismo, los seres
humanos valoran de una forma desproporcionada
los objetos que tienen cerca, en detrimento
de bienes futuros, además de sentir
con más fuerza las pérdidas
que las ganancias.
A la hora de hacer
juicios, Michell estima que tendemos a sobrevalorar
nuestras habilidades, incluyendo la capacidad
de efectuar análisis válidos
y que a menudo no somos concientes de nuestros
propios sentimientos.
Esta acercamiento pone
en tela de juicio la base de muchos estudios
realizados a lo largo del siglo XX sobre
el comportamiento humano, que se consideraba
maleable hasta el punto que muchas teorías
plateaban que existía un estímulo
cuya consecuente era la respuesta deseada.
El planteamiento de
Michell entronca con la web 2.0 ya que este
experto afirma que si bien la mente es influenciable
por los mensajes hay que determinar cual
es la distorsión que estos sufren
tras la exposición al contacto humano.
Así, la capacidad
de efectuar más de una cosa a la
vez, el recuerdo y la experiencia deben
ser considerados a la hora de crear un mensaje
publicitario, ya que a éste se añadirá
la información preexistente que el
usuario mezclará para hacerse una
idea global.
Al mismo tiempo, es
muy importante que los anunciantes sepan
que aunque muchas personas se conforman
con una explicación simple el espíritu
crítico forma parte de la naturaleza
humana, que busca encontrar los fallos en
un mensaje y que si llega a encontrarlos,
el sentimiento que surge es el deseo de
venganza.
Para concluir, Michell
plantea que los nuevos descubrimientos no
son una guía de consejos a seguir
sino una invitación a mirar que la
realidad del marketing es más compleja
que los paradigmas funcionalistas que dominaron
en el siglo XX.
"En el largo plazo, las marcas se construyen
ayudando a los individuos a tomar e implementar
buenas decisiones, no tratando de sacar
ventaja de sus procesos", asevera el
estudioso. "En el largo plazo, las
marcas se construyen ofreciendo de forma
consiste un valor superior que es entregado
en procesos claros, no intentando esconder
aspectos mediocres mediante sistemas poco
válidos".
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